Operación pañal

En Semana Santa, así como en verano, es típico que los padres nos aventuremos a quitar el pañal a nuestros peques. Nosotros hemos decidido hacerlo ahora, antes del nacimiento de la hermana pequeña. La verdad es que a mí, personalmente, me da un poco de pena porque en poco tiempo B ha pasado de ser una bebita a ser una niña. Le hemos quitado el chupete, le hemos pasado de cuna a cama y ahora ésto, pero ella ha respondido a todo como una campeona, todo hay que decirlo.

Empezamos el sábado y creo que de momento vamos bastante bien, porque solo se hizo sus necesidades encima el primer día. A partir del domingo y hasta hoy lo ha pedido siempre.

Sigue leyendo

Anuncios

Regalos que enamoran

Por el segundo cumple de B, mi hermana (y madrina de la niña) y mi cuñado le regalaron una sesión de fotos. Desde su nacimiento siempre habíamos tenido ganas de hacerle fotos chulas pero nunca nos habíamos animado, o por falta de tiempo, o de dinero. Así que nos pareció una idea genial.

Queríamos que la sesión fuese con B como única protagonista (nosotros nos colamos un poquito) y por eso decidimos hacer la sesión antes del nacimiento de la hermana pequeña. Así, cuando sea mayor, tendrá un recuerdo de cuando era la única reina de la casa.

La sesión fue genial, y creo que el resultado nos encantará. Desde aquí quiero agradecer a la fotógrafa Ota su paciencia conmigo y mis ideas ‘pinterescas’; y a mi hermana por el regalo y por su tarea como assistant manager (que bien quedan los cargos en inglés, madre) durante toda la mañana.

Os dejo con unas cuantas fotos hechas por mi hermanísima que accedió a mi ‘tata coge la cámara y haz fotos de todo, please’. Cuando tengamos las fotos ‘oficiales’ os enseño una muestra. De momento, ahí va un aperitivo…

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen

* Todas las imágenes del post de hoy pertenecen a Three Girls One Beard.

Caramelles

Supongo que muchos de vosotros aprovecharéis esta semana de vacaciones para viajar, ir al pueblo, a la playa o simplemente desconectar del curro, de los jefes y de la maldita rutina. Eso es lo que se suele hacer en Semana Santa. Y digo suele, porque aquí no hacemos eso, hacemos algo mejor, festejamos Les Caramelles. Para mí, la fiesta más bonita e importante de nuestro pueblo.

Les Caramelles se celebran el fin de semana de Pascua (este año 19 y 20 de abril) y son canciones y bailes populares que los caramellaires (así es como llamamos a los participantes) cantan y bailan por las casas del municipio para llevar la Pascua a cada rincón. Esa es la teoría.

A la práctica, Les Caramelles son dos días de alegría, de fiesta, de ‘ir todos a la una’, de beber mistela y moscatel y de comer garrapinyades… De celebrar la Pascua con tu gente, con tus vecinos, o con los que solo ves dos veces al año. De reír, reír mucho, y de llorar de emoción cuando escuchas la Sardana de tu pueblo. De tirar petardos, de madrugar y de gafas de sol para esconder la resaca (poco o mucho todo el mundo levanta el codo en Caramelles :P). De flores, ballestes y barretinas. Les Caramelles son únicas, y hace falta vivirlas para comprender todo esto que os cuento.

(Creo que me he emocionado un poco escribiendo ésto, pero entendedme, llevo celebrándolas desde el año en que nací. Mi madre es caramellaire, mi hermana, mis primas, mis amigos, Uri  y mi hija. Todos en casa hemos ‘mamado’ esta tradición y todos ‘arañamos’ por ella. Que nos toquen lo que quieran, pero Les Caramelles no).

Los niños/hombres visten con barretina, faja roja y esperdenyes. Las niñas con falda de flores, esperdenyes, corpiño, red y manguitos. Y las mujeres con falda de flores, esperdenyes y cinturón rojo. (Mi barrigota y yo, este año, vamos a hacer lo que podamos. No hay camisa que nos abroche a las dos, jajajaja). Los bastoners (que bailan con palos de madera), visten de blanco, con faja y falda roja, pañuelo rojo en la cabeza y cascabeles en la parte baja de las piernas.

faldilla

Falda

esperdenyes

Esperdenyes

red

Red y manguitos

DSC_0103

DSC_0105

Los trajes de Caramelles dibujados por Anna A. y Laura A.en el cuento infantil ‘Caramelles

bastoners

‘Robado’ de un bastoner (perdoneu-me, macos!)

Y, a modo de introducción, ésto es todo. Una vez pasada la fiesta, prometo foto familiar de caramellaires.

Y vosotros, ¿qué planes tenéis para estas vacaciones?

Viernes de #malamadre

Ai, Dolors, porta’m al ball,

avui que ve tothom, avui és quan hi hem d’anar…

Podría escuchar ésta y otras muchas canciones de Manel en bucle.

Por muchos motivos que no vienen al caso, mi relación con su música se ha ido consolidando con los años y a día de hoy es uno de los grupos que más me gustan. (Uri no opina lo mismo, y si no fuese porque esta semana ha trabajado de sol a sol, estaría escribiendo que soy una pesada y que a él le cansan, le aburren y le duermen).

En cualquier caso, esta noche nos vamos a verles, y yo no puedo estar más feliz. Primero, porque voy a tener los ojitos como una niña tonta desde el minuto uno, y segundo porque voy a salir! Vosotras reíros, pero salir un viernes por la noche cuando tienes una niña y estás a punto de parir a otra, es todo un logro (de ahí lo de #malamadre del título).

Os dejo con una de las canciones que más me flipan de Manel, para felicitar a nuestra amiga Carla, que hoy cumple años.

Per molts anys, reina!

 

¡Feliz fin de semana! Nos vemos el lunes.

Ser madre de pueblo: vol. I

Vivir en un pueblo es una de las cosas más maravillosas que tiene mi vida.

Cuando naces y creces en un lugar donde no hay demasiado volumen de tráfico, donde tienes el bosque al lado, y donde puedes hacer y deshacer lo que te venga en gana porque el mayor peligro es que te caigas del árbol, eres feliz. Con los años, empiezas a verle las cosas negativas (aunque pocas) de vivir en él: te tienes q desplazar para salir de fiesta, para ir al cine, para comprar ropa, para estudiar… nada que no se arregle con un golpe de coche, pero en ese momento, es un coñazo.

Cuando decidimos que queríamos ser padres, supimos que queríamos hacerlo en el pueblo (llevábamos un tiempo viviendo fuera de él) porque es el entorno donde los dos queremos que crezcan nuestras hijas.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de lo que conlleva vivir en un pueblo cuando decides ser madre y digo decides porque desde ese momento vas a vivir en un interrogatorio constante. Aquí van unas cuantas glorias de las que se oyen en la calle:

Cuando no eres padre y tus amigos sí (a nosotros no nos ha pasado, pero tengo amigas que lo sufren a diario):

  • ¿Para cuándo el bebé?
  • ¿Otro viaje? ¿Pero no vais a pensar en tener un crío?
  • ¿Y tú, no te animas?
  • Se te va a pasar el arroz y verás…

Cuando estás embarazada:

  • ¡Pues no se te nota! (Claro señora, estoy de 12 semanas, usted qué cree?)
  • ¿Ha sido buscado? (Ésta me hace mucha gracia… A usted le voy a contar si ha sido un descuido o si llevo un año probando).
  • Por la cara/barriga, es un/a niño/a (Ésta te acompaña hasta que no te haces la ecografía pertinente. Todo el mundo es ginecólogo en un pueblo).
  • Tienes mucha barriga. ¿Estás segura que sólo llevas uno?
  • Tienes la barriga muy baja o los labios hinchados, a ver si va a salir antes… (Eso te lo dicen cuando te queda un trimestre).

Cuando estás embarazada del segundo:

  • ¿Ha sido buscado? (Otra vez, no vaya a ser que tengamos que llamarle el niño penalty y se nos pase).
  • Pero ya os lo habéis pensado bien? (No mire, somos unos cabraslocas y traemos niños al mundo a la ligera).
  • No sabes la que se te viene encima… (No, no lo sé. Pero por mucho que usted me lo explique tampoco me haré una idea, así que deje que aprenda con la propia experiencia).
  • Verás que celos va a tener la hermana mayor… (¡Gracias! Es lo que toda embarazada con las hormonas alborotadas quiere escuchar).
  • ¿Y cómo te lo vas a hacer? (Pues como todo el mundo, ¿no? Llorando, tirando de abuelos, de guardería, trabajando…)
  • Ésta me la han dicho hoy, por eso me he lanzado a escribir: ¿No eres tú muy pequeña para llevar paquete? (Me he quedado tan parada que no he sabido qué responder…)

Y finalmente, cuando ya eres madre:

  • ¿La crías? (¡Sí! E igualmente la criaría si le diese un biberón de litro en cada toma).
  • Uy, se parece mucho al padre! (En tono de chinchar) (¡Peor sería que se pareciese al vecino, señora!)
  • ¿La vas a llevar a la guardería? ¿No te da lástima tan pequeña? (Pues algo sí, pero peor sería dejarla atada a la puerta de mi trabajo)

Y así podría seguir hasta aburrir al personal. Pero aun así, os juro que ser madre en un pueblo es súper guay (otro día os cuento lo bueno que tiene y veréis…)

Y a vosotras, ¿qué frases para madres os tienen fritas?

I love Converse

Si hay algo que me gusta de la primavera son las Converse.

Sí, ya sé que se pueden llevar todo el año, pero qué quereis que os diga, en invierno te mueres de frío y en verano a mí me gusta ir con el pie destapadito. Por eso, los meses de entretiempo son los que más disfruto de mis ‘bambas’ (aquí les llamamos así). Quedan bien con mis tejanos y mis camisetas/camisas, mi mayor logro de combinación en el mundo de la moda (ya ireis conociendo lo desastre que soy en ese sentido).

Las tengo en blanco y me encantan porque, además de encajar a la perfección en mi armario, son comodísimas. Aún así, me gustan en muchos otros colores y este año estoy pensando en comprármelas bajitas, que para mi gusto dan mucho más juego.

Os dejo con algunas fotos que he encontrado en Pinterest (esa red que me tiene el corazón robado junto con Instagram) y que me han dado alguna que otra idea de cara a mi futura compra primaveral.

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen

1 / 2 / 3 / 4 / 5

Y a vosotros, ¿os gustan tanto como a mí?

Cosas de niñas: la cantidad de ropa

Ayer, en un episodio más de preparar el nido (que en un segundo hijo debería llamarse rehacer el nido) para el nacimiento de À, me lié la manta a la cabeza y me dediqué a poner orden a la ropa de las niñas.

Cuando tienes a tu primera hija, toda ropa te parece poca para ella. Vas a Zara y te dejas un dineral en comprar todas las camisetas de la sección de baby, que luego acompañarás con toda la colección de jeans y chaquetitas. Todo para que tu hija vaya a la última y sea la más guapa del pueblo. Eso el primer año. Luego, en nuestro caso, la niña empieza a ir a la guardería y pasas a comparle chándals (monérrimos, eso sí) para llevar entre semana, que al colegio se va cómoda. Bien, la niña va creciendo y tú tienes que jugar al tetris en su armario hasta que decides hacer limpieza de sus conjuntos. La cosa no está nada complicada cuando tienes una primamiga con otra niña un poco más pequeña. Le pasas a ella la ropa más nuevecita, te quedas los cuatro conjuntos que te hacen más gracia y el resto (siempre que esté en buen estado) lo llevas al contenedor naranja para que alguien lo pueda aprovechar. Leído así, parece fácil.

El ‘problema’ está cuando tu primamiga se presenta un día en tu casa con cuatro bolsas enormes con toda la ropa que tú un día le diste y que ella casi no ha usado para la suya porque no hay días en el año para ponerle su ropa más la que heredó de B. Es entonces cuando (quieres matarla) decides guardar las bolsas ‘por si’ algún día vuelves a ser mamá de una niña. Y ese día llega, te quedas embarazada y con los meses te confirman que llevas a otra bebita. Sonríes por muchos motivos pero uno de ellos es ese… ‘cuánto me voy a ahorrar en ropa’.

Hasta que llega el día de ayer, te plantas delante del armario de B, de las cuatro bolsas que tienes encima de él y empiezas a escoger, con ilusión, qué podrá aprovechar la pobre À. Y te percatas, con cierta pena, que no puedes aprovechar casi nada porque una nació en invierno y la otra lo hará en primavera. Así que te ves, de nuevo, comprando toda la planta baja de la tienda para la hermana pequeña y te recuerdas que no es necesario tal volumen de ropa para que sobreviva. No, no lo es. Prometo no volver a caer en la trampa. Palabra.