What Do You DIY IV: Decorando el otoño

Antes de empezar a escribir este post quiero confesar un par o tres de cosas:

1) Esta vez me ha pillado mucho no, muchísimo el toro. He llegado a la tarde previa sin ideas, cosa que no me había pasado nunca.

2) Si no hubiera sido por las chicas del #whatdoyoudiy y de los whatss con María, este mes hubiera tirado la toalla.

3) No me convence.

Dicho esto, vamos con el resultado del cuarto reto What Do You DIY.

Ya os conté cuales habían sido los materiales que habían salido este mes. Ni más ni menos que botes de cristal, rollos de papel de wc y/o cocina y palos de helado (en qué momento se nos ocurrió poner esos materiales en la lista?)

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Con la emoción que cojo cada vez que salen materiales nuevos me metí en mi querido Pinterest a ver si me inspiraba. La verdad es que los tarros de cristal dan mucho juego, pero el resto de materiales no. Así que una tarde de octubre me dio por pintar los botes de color rosa porque seguro que pegaban con lo que más tarde se me iba a ocurrir. Os tengo que decir que ahora mismo me arrepiento de ello un montón, pero lo hecho hecho está.

Total, que con unos botes de color rosa, muchos palos de helado y rollos de papel de wc he creado un elemento decorativo para adornar mi recibidor este otoño. Aquí lo tenéis;

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Para hacer la parte inferior coloqué los palos juntos y los uní por detrás con otros palos con una pistola de cola caliente. Para que os hagáis una idea…

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Para las letras usé los tubos de cartón y los puse un poco monos con tinta de color marrón. Las pegué a los botes de pintura, y voilà!

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Y esto es todo. Un DIY super sencillo y nada creativo, pero con los materiales que han tocado… qué queréis?

Que tengáis feliz Castañada y feliz Halloween!

Un abrazo!

 

Que viva la Castañada (de la mano de un DIY)

Desde hace unos días el mundo blogger se ha llenado de Halloween, esa fiesta americana de ‘terroríficos disfraces’ que, cada vez más, se celebra en estos lares. Manualidades para los más peques, guirnaldas, fiestas preciosas y todo un sinfín de objetos para ambientar nuestras casas para la noche del 31 de octubre. Y qué queréis que os diga, a mí no me gusta. No porque sea una tradición americana, ni mucho menos. Sino porque para disfrazarse ya está Carnaval y aquí se celebra La Castañada.

Y ahora me preguntaréis… Y qué tiene La Castañada? Pues a primera vista no es ni la mitad de divertida que Halloween, para qué os voy a engañar, pero siempre la he vivido como una noche larga entre amigos, y eso es más guay que cualquier máscara del terror. Normalmente cenamos todos juntos, se comen castañas asadas, moniatos y panellets hasta que te salen los piñones por las orejas, y se bebe moscatell, mucho moscatell.

Y pensando en esta fiesta, y debido a que este año los padres tenemos que visitar como mínimo una vez la clase de nuestros niños, organicé un taller de estampación de camisetas nivel básico para niños de 2-3 años. Os adelanto que no nos salió ni la mitad de bien de lo que esperaba… Las prisas de última hora me hicieron improvisar y… error! Cagarla con la parte más básica… Lo importante es que ellos lo pasaron bomba y yo me lo pasé genial preparando los materiales para ellos.

Material utilizado

  • Goma eva
  • Tapones de corcho Tapas de botes de cristal
  • Pintura para téxtil

Paso a paso

1) Hacer una plantilla con la forma que queráis y repetirla tantas veces como sea necesario en la goma eva. Yo dibujé una hoja y una castaña.

2) Recortar las siluetas y pegarlas en tapones de corcho (Error!!!!) Las prisas no me dejaron ver que, de este modo, solo iba a quedar marcado en la camiseta la parte del tapón de corcho, sin que se vieran bien las formas que había dibujado. Por eso, a posteriori, he perfeccionado la técnica pegando la goma eva a una tapa de un bote de cristal (o cualquier otra superficie), así la presión es similar en toda la superficie de la forma.

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3) Mojar el tampón en la pintura. Cuando lo probé en casa quedó muy bien, pero claro, no pensé en que los niños de la clase de B (ella incluída) son niños, y brutos, y para ellos mojar el tampón quiere decir ‘bañar’ el tampón.

4) Estampar la camiseta. A raíz de mi ‘cagada’ de primero de estampación, les tuve que ayudar presionando en las formas para que quedase bien. Como solo tengo dos manos y eran diez niños, eso fue el caos. Cuando me quise dar cuenta estaban todos llenos de pintura, manos, batas, caras… Y sus camisetas… Bueno, digamos que las formas fueron lo de menos.

Os enseño el resultado de mi primer taller accidentado de estampación para niños. Prometo perfeccionar la técnica y enseñároslo pronto.

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Y esto es todo por hoy, espero que os haya gustado este DIY tan atropellado otoñal. La verdad es que, salvo el error con los tampones, nos lo pasamos en grande. Ellos disfrutaron y yo más. Os recuerdo que mañana nuevo post con el resultado del #whatdoyoudiy de octubre.

Y por cierto, seáis más de Castañada o de Halloween, pasadlo en grande!

Vuelta al trabajo, tal y como lo siento.

Sí, ya llegado el día. Ya estamos a 22 de octubre y probablemente cuando leáis este post yo ya estaré sentada en mi mesa de trabajo, esa que dejé limpia y pelada hace cosa de unos seis meses. Ahora mismo estoy un poco nerviosa, no os lo voy a negar, pero tengo tantas ganas, que sé que voy a entrar por la puerta de mi faena con una sonrisa en la cara.

Lo que os voy a contar ahora está más que repetido. Somos muchas las mujeres que necesitamos abandonar el papel de madre por unas horas, y a mí empieza a hacerme falta. Han sido unos meses geniales. El verano ha sido largo y duro, os lo contaba aquí, pero visto con un poco de perspectiva, nos lo hemos pasado bien. Pero yo no estoy hecha para vivir las 24 horas del día pegada a mis hijas. Hace semanas que he empezado a retomar mi vida de Noemí, y no de ‘mamá de’. Intenté incorporarme a las reuniones semanales con mis socios al mes de nacer la pequeña. Al principio ella se venía conmigo, pero en seguida opté por dejarla con los abuelos, así mis reuniones eran más productivas y mi cabeza descansaba un poco de hacer de mami. Estos meses he retomado mis ratos para hacer manualidades, deporte e incluso para tomarme un café sin niñas, pero ha llegado el momento en que necesito hacer algo más, necesito volver al trabajo.

maquina

Foto vía Unsplash

Establecer una rutina con sus horas y sus prisas más allá de llegar a tiempo a hacer el café con mis amigas cada mañana, aunque las eche de menos. Preparar cada noche el día siguiente, la ropita de las niñas, la comida, y no ir sobre la marcha como en los últimos seis meses. Necesito llegar a casa, y cuando me pregunten ‘cómo ha ido?’, poder responder algo más que ‘bien, he ido a tomar café, la niña ha cagado una vez y no ha llorado’. Quiero hablar con mis compañeras de trabajo, de trabajo. Quiero llegar a casa a mediodía y comerme a las niñas a besos, como si hiciese años que no las veo, quiero tener la necesidad de saber de ellas durante mi jornada laboral.

El otro día leía una entrevista que le hicieron a Mónica Cruz en la que afirmaba que no se había separado de su bebé en los 17 meses que tiene. Decía que no sentía esa necesidad, y lo respeto. Respeto a la infinidad de mujeres que quieren aprovechar los primeros años de vida de sus churumbeles para estar las 24 horas del día con ellos. En mi entorno hay chicas que así lo han decidido y yo les digo, chapeau. Al fin y al cabo cada una tiene que actuar como su corazón diga, y su vida le permita. Pero yo no, y por eso no soy ni mejor ni peor madre. Ni me tengo que esconder de decir ‘necesito volver al trabajo’, al igual que ellas no deberían avergonzarse por tomar la decisión que han tomado. Cada una es libre y cada família un mundo.

Y por mi bien, y de rebote, el de los míos, yo sí necesito tener mi vida de ‘no madre’. Y eso no quita que hoy llame cuarentamil veces a la buenaabuela que se queda con la pequeña para ver si se ha tomado bien el bibi, si ha llorado o si ha dormido mucho rato. Per necesito tener mi espacio, así como necesito ratos con o sin mi pareja o ratos con o sin mis amigas.

Con mi primamiga siempre tenemos la coña de que ella es una buenamadre y yo soy una malamadre, porque las dos tenemos una manera muy distinta de ver la maternidad y la vida en general. Y ella, mi madre y mis amigas me cuelgan esa etiqueta mientras se ríen, pero en el fondo entienden todo lo que digo, o si más no, lo respetan. Y eso deberíamos hacer todas, porque todas somos las mejores madres que podemos ser, aunque una lleve galletas al parque y la otra las gorree every day. Y por qué os cuento esto último? Pues porque ella también vuelve al trabajo esta semana, y yo le quiero mandar muchos ánimos, que sé que los va a necesitar aunque el sábado por la noche nos metamos la juerga ‘madre’ sin hijas para celebrar que somos mujeres y personas ante todo.

Y vosotras? Qué opción tomáis y cómo habéis vivido la vuelta a la ‘normalidad’?