Queridos Reyes Magos…

Así empezaría mi carta de deseos para preparar el terreno de cara al próximo 6 de enero, pero no. Este año mi carta es así:

“Queridas Reinas Magas, soy mamá.

Os escribo esta carta para pediros un montón de cosas para la noche de Reyes y para el resto de los días que pasemos juntas.

Este año he sido muy buena todo lo buena que he sabido ser. Quizás ha habido días que no he logrado sacar un sobresaliente, pero me he esforzado, y en casa siempre han dicho que eso es lo que cuenta, así que ésta es mi lista de deseos: Sigue leyendo

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Adiós, amigo, adiós.

Recuerdo una vez, en primero de Bachillerato, la profe de Filosofía nos dijo “los amigos que tenéis ahora, probablemente no serán los mismos que tendréis dentro de diez años”, y todos, mirándonos los unos a los otros soltamos un “si hombre! Nosotros seremos amigos para siempre!”. Ja! Cuánta razón tenía esa profe…

Af0sF2OS5S5gatqrKzVP_SilhoutteLa vida nos cambia, evolucionamos, tenemos nuevas inquietudes y los amigos vienen y van. O mejor dicho, los conocidos vienen y van, los amigos (los de verdad) se quedan. Hay una época en la vida, en la que tenemos muchos amigos (hablo en masculino pero incluyo también amigas), un montón de gente dispuesta a dar por nosotros hasta un ojo, a pelear y a beberse la noche a nuestro lado aunque ese día no apetezca salir. Es una época en la que todos hemos tenido las mismas inquietudes: la música, la noche y las cervezas.

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Mis siestas no son para el verano

DSC_0737_bnNecesito que termine el verano. Así, tal cual. Lo necesito más que la siesta que llevo reclamando meses y más que mi café de cada mañana. Necesito ir a recoger a mis niñas al cole con unas ganas inmensas, en lugar de llegar a casa armándome de valor para salir victoriosa de una tarde de piscina.

Antes de que se altere el sector nomeseparodemishijos y paraquétieneshijas, quede claro que amo a mis hijas por encima de las posibilidades y que me encanta compartir con ellas las tardes (y las noches y las mañanas), pero ya. Creo que tanto ellas como yo ya hemos llenado el cupo de amor veraniego. Necesitamos un respiro. Urgente.

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9 cosas que no sabes de la pareja de un/a runner

Ser runner mola. Hoy en día si no corres no eres nadie. En cada familia hay una persona, mínimo, que sufre la fiebre del running, del correr, del atletismo, o como queráis llamarlo. Los runners son una tribu, como los moteros, los culés o cualquier otro “clan”. Mucho se ha hablado de los locos del deporte, pero muy poco de las parejas de estos, y de eso vengo a hablar en este post.

Hoy os acerco 9 cosas que no sabes de la pareja de un/a runner:

1) Al principio nos invade la ilusión por acompañarlos a las carreras. Llegar con ellos, ver la salida de los corredores, helarte de frío en el pueblo más perdido de la montaña, aplaudir a todos y cada uno de los participantes y gritar “vamos! vamos!” cuando están llegando a la meta. Cuando llevas unas cuantas, ya no hace tanta gracia. Todas las metas son iguales.

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Foto vía Unsplash

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A quién espera… la desesperan

Una de las peores cosas que le pueden pasar a una embarazada es llegar al día D y que no se ponga de parto. Por experiencia sé lo pesado que son los últimos días, y eso que B nació en la 39+3 y la Chica en las 40 clavadas, pero aun así los últimos días de ambos embarazos fueron horribles, y si vives en un pueblo más.

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Las personas, por naturaleza, somos cotillas, nos gusta interesarnos por la vida de los demás. Pero las personas de pueblo, lo somos más (y digo somos porque yo también tengo ese gen), y cuando vives en un pueblo y estás a punto de reventar, todas las miradas se fijan en ti, todo el mundo quiere saber cuándo te toca y todos son muy brujos para fijar la fecha de parto. Ese interés es de agradecer la primera, la segunda, y hasta la tercera vez, pero llega un punto que estás hasta el moño de que te paren por la calle.

Hoy, hablando con mi hermana, que está a puntito de ser mamá por primera vez, me he acordado de todas y cada una de las frases que me decían a mí los días (semanas) previos, y que seguro las mamás que hay por aquí también habéis escuchado.

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Ser madre y vivir en una noria

Hola? Hay alguien ahí? Espero que alguien quede por estos lares después de más de tres meses sin actualizar. Por un momento hasta he creído que había dejado de tener un blog, pero chicas, la vida no me da para más. Además, reconozco que quiero hacer cambios en el blog, reorganizar cositas y cambiarle un poco la cara, y con la excusa de reemprender mi aventura cuando eso esté hecho, ni escribo ni nada… Fatal, lo sé. Pero nadie dijo que esto fuese fácil.

Bueno, total, a lo que iba. Vengo a reflexionar un rato. Hace días que leo por todos sitios debates sobre conciliación, sobre el mercado laboral de las madres, sobre educación con apego, sobre Montessori, sobre los deberes… Vídeos de niños que reclaman a sus madres, otros que las adoran en público, pero que en definitiva lo que piden todos es tiempo con ellas. Es tanta la información que nos llega sobre la maternidad y sobre la educación que una ya no sabe si lo está haciendo bien o no. Ah! Y luego no olvidemos que acabamos de pasar el 8 de marzo, día en el que estuve cabreada todo el día refunfuñando que ‘esto es una mierda’ y que ‘nos han timado’.

Os pongo en situación. Soy de las, por lo que veo, pocas mujeres que puede compaginar bastante bien su vida laboral y maternal (lo de personal lo dejamos para cuando las niñas sean un poco más grandes). Trabajo asalariada cinco horas diarias, lo que me permite estar con mis hijas toda la tarde. Recogerlas en el cole, llevarlas al parque, jugar con ellas, merendar juntas, bañarlas, disfrutar de ellas, vaya. De lo bueno y de lo malo. No olvidemos las pataletas de B a pie de calle, las caídas constantes de la Chica, los ‘ahora lo tenía yo’, los celos, etc. Pero en general, puedo decir que estoy contenta con poder vivir bastante sus días.

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Ya llegó la Navidad, y con ella el Tió

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Estos días de fiesta en casa hemos aprovechado para poner en marcha la Operación Navidad. Para este tipo de cosas he de reconocer que soy muy tradicional y sigo al pie de la letra lo que siempre he visto en casa de mis padres. Así que el día 6 de diciembre tocó montar el árbol.

Este año ha sido especial por ser el primero de la Chica, que aunque no se enteró de nada, disfrutó un montón viendo las bolitas y las lucecitas (ya tengo nuevo sitio donde dejarla un momentito mientras yo hago faena: delante del árbol). B ya es el tercer año que vive la Navidad en casa, pero creo que ha sido el que más lo ha disfrutado. En 2013 la recuerdo jugando aún con los envoltorios de la decoración, y este año ya ha pasado a ‘qué mono es esto’ o ‘me gusta la estrella porque tiene brillo’ (a veces creo que habita una adolescente de 14 años en su interior).

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