Mis siestas no son para el verano

DSC_0737_bnNecesito que termine el verano. Así, tal cual. Lo necesito más que la siesta que llevo reclamando meses y más que mi café de cada mañana. Necesito ir a recoger a mis niñas al cole con unas ganas inmensas, en lugar de llegar a casa armándome de valor para salir victoriosa de una tarde de piscina.

Antes de que se altere el sector nomeseparodemishijos y paraquétieneshijas, quede claro que amo a mis hijas por encima de las posibilidades y que me encanta compartir con ellas las tardes (y las noches y las mañanas), pero ya. Creo que tanto ellas como yo ya hemos llenado el cupo de amor veraniego. Necesitamos un respiro. Urgente.

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Ser madre de dos y otros cuentos

Cuando comuniqué a mi entorno que estaba embarazada de nuevo, ahora hace un año, la mayoría de voces gritaban ‘no sabéis lo que hacéis’, ‘es mucha faena’, ‘B va a crecer de golpe’ y muchas otras afirmaciones de esas que la gente te lanza sin que tú le preguntes. El caso es, y eso sí que es cierto, que no es lo mismo el primero que el segundo, para lo bueno y para lo malo.

Estos días he estado con el #buenpadre trabajando fuera. Nada, tres días de nada, pero que para mí han sido como un mes entero. Y he tenido que estar sola ante el peligro para darme cuenta de muchas cosas que son distintas entre el primer hijo y el segundo. (Y los que tengáis tres o más, ya ni os cuento). Los segundos somos espabilados porque la vida así nos ha hecho, o porque así nos han hecho nuestros hermanos, o nuestros padres. No nos queda otra, tenemos que sobrevivir.

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5 recuerdos de este verano

Pasada la fase que os contaba el otro día aquí de ‘quiero que termine el verano’ toca reconocer que estos meses también han tenido cosas chulas. Hoy os cuento las cinco que más feliz me han hecho, sumándome así a la idea de 39 semanas.

1. Enterarme, una noche de fuegos artificiales un poco atropellada, que voy a ser tía, o lo que es lo mismo, que mi hermana está embarazada. Otro día me pondré sensiblona con el tema. Aún no sabemos qué es, pero aquí la tita molona ya está pensando en hacerle mil cosas para su rinconcito, comprarle muchas mudas cuquis y mimarlo como si no hubiese un mañana.

2. Hacer el café cada mañana con mis mujeres y niñas del Cafelito. Cafés entre pañales, donuts repartidos entre tres, juguetes repetidos para que no se peleen, pero sobretodo muchas risas (y muchas ganas de que llegase septiembre). Voy a echar de menos esos ratitos cuando empiece a trabajar…

3. Dormir siestas eternas con mis dos niñas. Amontonadas las tres en el sofá o en la cama, pegadas como cromos, pero las siestas más ricas que tendré jamás. Esa sensación de ‘se han dormido’ es gloria… Muchos días me quedaba despierta de la emoción que me suponía tener un rato para mí, pero en el 80% de los casos, me he unido a ellas. Siestas de babilla, las llamo.

4. Celebrar el primer aniversario de Escampalaboira.cat. Bien sabéis que este proyecto me comporta muchas horas de no sueño y muchas reuniones. Pero la satisfacción y la felicidad que comporta ver una cosa tuya (y de mis socios, claro) no se puede explicar en tres palabras. A finales de mes cumplimos un año, y espero q esto crezca y cumplamos muchos más.

5. Vivir la primera sonrisa de La Chica. Ver como se ríe a carcajadas con su hermana, que es capaz de echarse al suelo para hacerla reir. Cuando se saca el bibi de la boca bajo una sonrisa de ‘estoy enamorada de mamá’ y a mí se me cae la baba… Noto que con ella ya hemos pasado los meses más duros y ahora empezamos a disfrutar.

Y esto es todo!

Feliz fin de semana. Nos vemos el lunes!

Un abrazo!

¡Bienvenido septiembre!

Querido septiembre, llevo esperándote con los brazos abiertos desde principios de verano.

Así empezaría mi carta de amor al mes nueve del año. Normalmente, septiembre no me ha hecho ni tilín. Nada. Empezaba el curso, se iba el calor, las noches de verano… Ninguna cosa que compensase perder de vista el mes de agosto, uno de mis favoritos del año. Pero este año, este año ha sido distinto y necesito el mes de septiembre como el aire que respiro, así que ‘chaval’, espero que estés a la altura.

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Nuestra arma secreta: los abuelos

Hoy vengo con un post homenaje escrito basándome en la más estricta realidad. Hay mucha gente que me pregunta cómo me organizo con las dos niñas. Sí, es la típica pregunta que todo el mundo hace, no sé muy bien si para escuchar un ‘fatal’ o para saber realmente mi manera de llevarlo todo más o menos bien. Bueno, sea cual sea el motivo, mi respuesta siempre es la misma: ‘muy bien, pero porque tengo mucha ayuda’. Y es verdad. Nuestras hijas tienen la suerte de contar con cuatro buenosabuelos, dos avis y dos iaies, que nos cuidan, nos miman y nos ayudan a organizar nuestras vidas.

No sé si vosotros en vuestra infancia habéis contado con la presencia de vuestros abuelos en vuestras vidas. O si contáis con la ayuda de padres y madres que hacen de abuelos de vuestros hijos. Si la respuesta es que sí, sabéis el valor que tiene todo lo que os voy a contar.

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Estrenando nueva vida

Hemos estado unos días fuera de combate, pero solo ha sido por un buen motivo: ¡la hermana pequeña ya está aquí! Con una puntualidad británica, la baby de la familia llegó el martes 27, justo el día que cumplía 40 semanas de embarazo (para qué adelantarse con lo que mola llegar ‘en punto’?). Fue todo muy bien, y tanto la niña como yo estamos estupendas. Bueno, en mi caso léase estupenda a no parecer un trapo, no vayamos a pedir mucho más por ahora.

Dejadme ponerme un poco ñoña ahora, pero hay cosas que habían quedado guardadas en mis sentidos y que ahora han vuelto a mi vida, con más calma. Porque con la peque, aunque parezca imposible, me lo estoy tomando todo con mucha calma, sin prisa (todo ello gracias a esa cierta experiencia que ya tengo, al buenpadre, a los buenosabuelos/tíos y sobre todo, gracias a B, que lo está poniendo fácil).

He ganado muchos minutos mirando unos ojos que casi no ven, pero que sienten. He llorado viendo a B fascinada ante su hermana pequeña. He vuelto a abrazar a un recién nacido y me ha encantado como me encantó la primera vez. He podido bañar a la hermana mayor y jugar con ella como hacía días que no podía. He dormido con À encima y se nos ha caído la baba a las dos. Me he reído cuando B le cuenta cosas a la peque, y se queja porque ésta no le contesta. Y he podido comprobar que es automático, el amor se multiplica ipso facto.

Y así voy a dejar que sigan mis días, haciendo lo que realmente me apetece, que es disfrutar de mis dos niñas. Con calma, saboreando cada instante e intentando no perderme detalle de esta nueva aventura. No creáis que voy a abandonar mi vida 2.0, eso en mí es imposible, pero la llevaré al ritmo que mi nueva vida me permita. Seguro que historias no me van a faltar, así que espero poder compartirlas con todos vosotros.

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 Nos encantan las mañanas de remoloneo en la cama.

¡Un besito fuerte!