¡Bienvenido septiembre!

Querido septiembre, llevo esperándote con los brazos abiertos desde principios de verano.

Así empezaría mi carta de amor al mes nueve del año. Normalmente, septiembre no me ha hecho ni tilín. Nada. Empezaba el curso, se iba el calor, las noches de verano… Ninguna cosa que compensase perder de vista el mes de agosto, uno de mis favoritos del año. Pero este año, este año ha sido distinto y necesito el mes de septiembre como el aire que respiro, así que ‘chaval’, espero que estés a la altura.

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La Early Rider de B

Hay un momento en la vida de cualquier niño en el que quiere una bicicleta. A nuestra hija ese momento le llegó antes de Navidad. Bueno, de hecho no sé si le llegó o fuimos nosotros quienes le incitamos a ello. La cuestión es que para Reyes el regalo estrella de la niña fue una bici. Así pues, nos tocó buscar ‘la bici’, o más bien le tocó al padre, que fue el encargado de encontrarla.

Teníamos claro que tenía que ser una bici de madera, solo nos faltaba encontrar la mejor. Vimos unas cuantas, empezando por las de Decathlon o Imaginarium, pero no había ninguna que nos convenciera (léase, le convenciera), hasta que dimos con la Early Rider Classic. La estética chopper fue la que encandiló a Uri, aunque luego la madera, el cuero del asiento y las ruedas neumáticas y llantas de aluminio hicieron el resto.

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De bebé a niña

Cuando al nacer B la gente me decía eso de ‘aprovéchate que crecen muy rápido’ no me lo creía. Las primeras semanas de vida de cualquier bebé te pasan a la velocidad de la luz, pero la lactancia, las noches sin dormir, las 24 horas del día a su lado y todo lo que son los primeros meses, hace que veas muy lejos el día que ese bebito se despegue un poco de ti. Esta vez, las voces experimentadas en la materia tenían razón: los días pasan que ni te enteras (a no ser que estés embarazada jajaja) pero en lo que a crecimiento de los niños se refiere, va todo muy rápido.

No sé si es el inminente nacimiento de la hermana pequeña o qué, pero hace días que cuando miro a B ya no veo un bebé, veo a una niña (o a una mini mujer en ocasiones). Tengo la suerte de poder pasar todas las tardes con ella, y me fascina, y cada día descubro cosas nuevas. Sí, mi hija me tiene flipada (como a todas las madres sus hijos, claro) en muchos sentidos. A sus dos años y tres meses, tiene un carácter que no le cabe en el cuerpo y eso tiene su parte positiva y su parte negativa. Creo que estamos frente a lo que llaman ‘los terribles dos’ y B viene dispuesta a hacernos saber que ella es muy larga… (y yo a fardar un poco de niña, que aunque en ocasiones pierda los nervios, me la como entera).

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