Vuelta al trabajo, tal y como lo siento.

Sí, ya llegado el día. Ya estamos a 22 de octubre y probablemente cuando leáis este post yo ya estaré sentada en mi mesa de trabajo, esa que dejé limpia y pelada hace cosa de unos seis meses. Ahora mismo estoy un poco nerviosa, no os lo voy a negar, pero tengo tantas ganas, que sé que voy a entrar por la puerta de mi faena con una sonrisa en la cara.

Lo que os voy a contar ahora está más que repetido. Somos muchas las mujeres que necesitamos abandonar el papel de madre por unas horas, y a mí empieza a hacerme falta. Han sido unos meses geniales. El verano ha sido largo y duro, os lo contaba aquí, pero visto con un poco de perspectiva, nos lo hemos pasado bien. Pero yo no estoy hecha para vivir las 24 horas del día pegada a mis hijas. Hace semanas que he empezado a retomar mi vida de Noemí, y no de ‘mamá de’. Intenté incorporarme a las reuniones semanales con mis socios al mes de nacer la pequeña. Al principio ella se venía conmigo, pero en seguida opté por dejarla con los abuelos, así mis reuniones eran más productivas y mi cabeza descansaba un poco de hacer de mami. Estos meses he retomado mis ratos para hacer manualidades, deporte e incluso para tomarme un café sin niñas, pero ha llegado el momento en que necesito hacer algo más, necesito volver al trabajo.

maquina

Foto vía Unsplash

Establecer una rutina con sus horas y sus prisas más allá de llegar a tiempo a hacer el café con mis amigas cada mañana, aunque las eche de menos. Preparar cada noche el día siguiente, la ropita de las niñas, la comida, y no ir sobre la marcha como en los últimos seis meses. Necesito llegar a casa, y cuando me pregunten ‘cómo ha ido?’, poder responder algo más que ‘bien, he ido a tomar café, la niña ha cagado una vez y no ha llorado’. Quiero hablar con mis compañeras de trabajo, de trabajo. Quiero llegar a casa a mediodía y comerme a las niñas a besos, como si hiciese años que no las veo, quiero tener la necesidad de saber de ellas durante mi jornada laboral.

El otro día leía una entrevista que le hicieron a Mónica Cruz en la que afirmaba que no se había separado de su bebé en los 17 meses que tiene. Decía que no sentía esa necesidad, y lo respeto. Respeto a la infinidad de mujeres que quieren aprovechar los primeros años de vida de sus churumbeles para estar las 24 horas del día con ellos. En mi entorno hay chicas que así lo han decidido y yo les digo, chapeau. Al fin y al cabo cada una tiene que actuar como su corazón diga, y su vida le permita. Pero yo no, y por eso no soy ni mejor ni peor madre. Ni me tengo que esconder de decir ‘necesito volver al trabajo’, al igual que ellas no deberían avergonzarse por tomar la decisión que han tomado. Cada una es libre y cada família un mundo.

Y por mi bien, y de rebote, el de los míos, yo sí necesito tener mi vida de ‘no madre’. Y eso no quita que hoy llame cuarentamil veces a la buenaabuela que se queda con la pequeña para ver si se ha tomado bien el bibi, si ha llorado o si ha dormido mucho rato. Per necesito tener mi espacio, así como necesito ratos con o sin mi pareja o ratos con o sin mis amigas.

Con mi primamiga siempre tenemos la coña de que ella es una buenamadre y yo soy una malamadre, porque las dos tenemos una manera muy distinta de ver la maternidad y la vida en general. Y ella, mi madre y mis amigas me cuelgan esa etiqueta mientras se ríen, pero en el fondo entienden todo lo que digo, o si más no, lo respetan. Y eso deberíamos hacer todas, porque todas somos las mejores madres que podemos ser, aunque una lleve galletas al parque y la otra las gorree every day. Y por qué os cuento esto último? Pues porque ella también vuelve al trabajo esta semana, y yo le quiero mandar muchos ánimos, que sé que los va a necesitar aunque el sábado por la noche nos metamos la juerga ‘madre’ sin hijas para celebrar que somos mujeres y personas ante todo.

Y vosotras? Qué opción tomáis y cómo habéis vivido la vuelta a la ‘normalidad’?

Ser madre de pueblo: vol. I

Vivir en un pueblo es una de las cosas más maravillosas que tiene mi vida.

Cuando naces y creces en un lugar donde no hay demasiado volumen de tráfico, donde tienes el bosque al lado, y donde puedes hacer y deshacer lo que te venga en gana porque el mayor peligro es que te caigas del árbol, eres feliz. Con los años, empiezas a verle las cosas negativas (aunque pocas) de vivir en él: te tienes q desplazar para salir de fiesta, para ir al cine, para comprar ropa, para estudiar… nada que no se arregle con un golpe de coche, pero en ese momento, es un coñazo.

Cuando decidimos que queríamos ser padres, supimos que queríamos hacerlo en el pueblo (llevábamos un tiempo viviendo fuera de él) porque es el entorno donde los dos queremos que crezcan nuestras hijas.

Pero de lo que quiero hablar hoy es de lo que conlleva vivir en un pueblo cuando decides ser madre y digo decides porque desde ese momento vas a vivir en un interrogatorio constante. Aquí van unas cuantas glorias de las que se oyen en la calle:

Cuando no eres padre y tus amigos sí (a nosotros no nos ha pasado, pero tengo amigas que lo sufren a diario):

  • ¿Para cuándo el bebé?
  • ¿Otro viaje? ¿Pero no vais a pensar en tener un crío?
  • ¿Y tú, no te animas?
  • Se te va a pasar el arroz y verás…

Cuando estás embarazada:

  • ¡Pues no se te nota! (Claro señora, estoy de 12 semanas, usted qué cree?)
  • ¿Ha sido buscado? (Ésta me hace mucha gracia… A usted le voy a contar si ha sido un descuido o si llevo un año probando).
  • Por la cara/barriga, es un/a niño/a (Ésta te acompaña hasta que no te haces la ecografía pertinente. Todo el mundo es ginecólogo en un pueblo).
  • Tienes mucha barriga. ¿Estás segura que sólo llevas uno?
  • Tienes la barriga muy baja o los labios hinchados, a ver si va a salir antes… (Eso te lo dicen cuando te queda un trimestre).

Cuando estás embarazada del segundo:

  • ¿Ha sido buscado? (Otra vez, no vaya a ser que tengamos que llamarle el niño penalty y se nos pase).
  • Pero ya os lo habéis pensado bien? (No mire, somos unos cabraslocas y traemos niños al mundo a la ligera).
  • No sabes la que se te viene encima… (No, no lo sé. Pero por mucho que usted me lo explique tampoco me haré una idea, así que deje que aprenda con la propia experiencia).
  • Verás que celos va a tener la hermana mayor… (¡Gracias! Es lo que toda embarazada con las hormonas alborotadas quiere escuchar).
  • ¿Y cómo te lo vas a hacer? (Pues como todo el mundo, ¿no? Llorando, tirando de abuelos, de guardería, trabajando…)
  • Ésta me la han dicho hoy, por eso me he lanzado a escribir: ¿No eres tú muy pequeña para llevar paquete? (Me he quedado tan parada que no he sabido qué responder…)

Y finalmente, cuando ya eres madre:

  • ¿La crías? (¡Sí! E igualmente la criaría si le diese un biberón de litro en cada toma).
  • Uy, se parece mucho al padre! (En tono de chinchar) (¡Peor sería que se pareciese al vecino, señora!)
  • ¿La vas a llevar a la guardería? ¿No te da lástima tan pequeña? (Pues algo sí, pero peor sería dejarla atada a la puerta de mi trabajo)

Y así podría seguir hasta aburrir al personal. Pero aun así, os juro que ser madre en un pueblo es súper guay (otro día os cuento lo bueno que tiene y veréis…)

Y a vosotras, ¿qué frases para madres os tienen fritas?