Mis siestas no son para el verano

DSC_0737_bnNecesito que termine el verano. Así, tal cual. Lo necesito más que la siesta que llevo reclamando meses y más que mi café de cada mañana. Necesito ir a recoger a mis niñas al cole con unas ganas inmensas, en lugar de llegar a casa armándome de valor para salir victoriosa de una tarde de piscina.

Antes de que se altere el sector nomeseparodemishijos y paraquétieneshijas, quede claro que amo a mis hijas por encima de las posibilidades y que me encanta compartir con ellas las tardes (y las noches y las mañanas), pero ya. Creo que tanto ellas como yo ya hemos llenado el cupo de amor veraniego. Necesitamos un respiro. Urgente.

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Ya llegó la Navidad, y con ella el Tió

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Estos días de fiesta en casa hemos aprovechado para poner en marcha la Operación Navidad. Para este tipo de cosas he de reconocer que soy muy tradicional y sigo al pie de la letra lo que siempre he visto en casa de mis padres. Así que el día 6 de diciembre tocó montar el árbol.

Este año ha sido especial por ser el primero de la Chica, que aunque no se enteró de nada, disfrutó un montón viendo las bolitas y las lucecitas (ya tengo nuevo sitio donde dejarla un momentito mientras yo hago faena: delante del árbol). B ya es el tercer año que vive la Navidad en casa, pero creo que ha sido el que más lo ha disfrutado. En 2013 la recuerdo jugando aún con los envoltorios de la decoración, y este año ya ha pasado a ‘qué mono es esto’ o ‘me gusta la estrella porque tiene brillo’ (a veces creo que habita una adolescente de 14 años en su interior).

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5 recuerdos de este verano

Pasada la fase que os contaba el otro día aquí de ‘quiero que termine el verano’ toca reconocer que estos meses también han tenido cosas chulas. Hoy os cuento las cinco que más feliz me han hecho, sumándome así a la idea de 39 semanas.

1. Enterarme, una noche de fuegos artificiales un poco atropellada, que voy a ser tía, o lo que es lo mismo, que mi hermana está embarazada. Otro día me pondré sensiblona con el tema. Aún no sabemos qué es, pero aquí la tita molona ya está pensando en hacerle mil cosas para su rinconcito, comprarle muchas mudas cuquis y mimarlo como si no hubiese un mañana.

2. Hacer el café cada mañana con mis mujeres y niñas del Cafelito. Cafés entre pañales, donuts repartidos entre tres, juguetes repetidos para que no se peleen, pero sobretodo muchas risas (y muchas ganas de que llegase septiembre). Voy a echar de menos esos ratitos cuando empiece a trabajar…

3. Dormir siestas eternas con mis dos niñas. Amontonadas las tres en el sofá o en la cama, pegadas como cromos, pero las siestas más ricas que tendré jamás. Esa sensación de ‘se han dormido’ es gloria… Muchos días me quedaba despierta de la emoción que me suponía tener un rato para mí, pero en el 80% de los casos, me he unido a ellas. Siestas de babilla, las llamo.

4. Celebrar el primer aniversario de Escampalaboira.cat. Bien sabéis que este proyecto me comporta muchas horas de no sueño y muchas reuniones. Pero la satisfacción y la felicidad que comporta ver una cosa tuya (y de mis socios, claro) no se puede explicar en tres palabras. A finales de mes cumplimos un año, y espero q esto crezca y cumplamos muchos más.

5. Vivir la primera sonrisa de La Chica. Ver como se ríe a carcajadas con su hermana, que es capaz de echarse al suelo para hacerla reir. Cuando se saca el bibi de la boca bajo una sonrisa de ‘estoy enamorada de mamá’ y a mí se me cae la baba… Noto que con ella ya hemos pasado los meses más duros y ahora empezamos a disfrutar.

Y esto es todo!

Feliz fin de semana. Nos vemos el lunes!

Un abrazo!

Estrenando nueva vida

Hemos estado unos días fuera de combate, pero solo ha sido por un buen motivo: ¡la hermana pequeña ya está aquí! Con una puntualidad británica, la baby de la familia llegó el martes 27, justo el día que cumplía 40 semanas de embarazo (para qué adelantarse con lo que mola llegar ‘en punto’?). Fue todo muy bien, y tanto la niña como yo estamos estupendas. Bueno, en mi caso léase estupenda a no parecer un trapo, no vayamos a pedir mucho más por ahora.

Dejadme ponerme un poco ñoña ahora, pero hay cosas que habían quedado guardadas en mis sentidos y que ahora han vuelto a mi vida, con más calma. Porque con la peque, aunque parezca imposible, me lo estoy tomando todo con mucha calma, sin prisa (todo ello gracias a esa cierta experiencia que ya tengo, al buenpadre, a los buenosabuelos/tíos y sobre todo, gracias a B, que lo está poniendo fácil).

He ganado muchos minutos mirando unos ojos que casi no ven, pero que sienten. He llorado viendo a B fascinada ante su hermana pequeña. He vuelto a abrazar a un recién nacido y me ha encantado como me encantó la primera vez. He podido bañar a la hermana mayor y jugar con ella como hacía días que no podía. He dormido con À encima y se nos ha caído la baba a las dos. Me he reído cuando B le cuenta cosas a la peque, y se queja porque ésta no le contesta. Y he podido comprobar que es automático, el amor se multiplica ipso facto.

Y así voy a dejar que sigan mis días, haciendo lo que realmente me apetece, que es disfrutar de mis dos niñas. Con calma, saboreando cada instante e intentando no perderme detalle de esta nueva aventura. No creáis que voy a abandonar mi vida 2.0, eso en mí es imposible, pero la llevaré al ritmo que mi nueva vida me permita. Seguro que historias no me van a faltar, así que espero poder compartirlas con todos vosotros.

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 Nos encantan las mañanas de remoloneo en la cama.

¡Un besito fuerte!

 

 

De bebé a niña

Cuando al nacer B la gente me decía eso de ‘aprovéchate que crecen muy rápido’ no me lo creía. Las primeras semanas de vida de cualquier bebé te pasan a la velocidad de la luz, pero la lactancia, las noches sin dormir, las 24 horas del día a su lado y todo lo que son los primeros meses, hace que veas muy lejos el día que ese bebito se despegue un poco de ti. Esta vez, las voces experimentadas en la materia tenían razón: los días pasan que ni te enteras (a no ser que estés embarazada jajaja) pero en lo que a crecimiento de los niños se refiere, va todo muy rápido.

No sé si es el inminente nacimiento de la hermana pequeña o qué, pero hace días que cuando miro a B ya no veo un bebé, veo a una niña (o a una mini mujer en ocasiones). Tengo la suerte de poder pasar todas las tardes con ella, y me fascina, y cada día descubro cosas nuevas. Sí, mi hija me tiene flipada (como a todas las madres sus hijos, claro) en muchos sentidos. A sus dos años y tres meses, tiene un carácter que no le cabe en el cuerpo y eso tiene su parte positiva y su parte negativa. Creo que estamos frente a lo que llaman ‘los terribles dos’ y B viene dispuesta a hacernos saber que ella es muy larga… (y yo a fardar un poco de niña, que aunque en ocasiones pierda los nervios, me la como entera).

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DIY: móvil con barcos de papel

Ya os he contado muchas veces que estoy enganchada a Pinterest. El otro día, en uno de mis ratos ‘libres’ me puse a buscar proyectos fáciles para hacer un móvil para la habitación de las niñas. El único que tenemos es de una casa de juguetes y es cutre a más no poder, a B nunca le ha hecho gracia y lleva en un cajón desde sus inicios. Pues bien, saltando de un pin a otro fui definiendo cómo quería que fuese ese móvil y decidí que tenía que estar hecho con ramas naturales y barquitos de papel. Con ramas, porque están muy de moda y me encantan como quedan. Lo de los barquitos fue por tirar de cosas fáciles. Ya me ha costado aprender a hacer un barco de papel, como para tener que hacer pájaros de origami, nubes de algodón o pompones (sí, no sé hacer pompones de lana). Si con el tiempo me veo capaz de hacer algo más elaborado, lo intentaré.

Total, que esa misma tarde aprovechando que Uri salía a correr le encargué que me trajese ramas o troncos. Normalmente en los tutoriales siempre hablan de tronquitos de playa, de esos que arrastra el mar y vienen pulidos. Como aquí no tenemos mar, pero sí unos bosques muy chulos, pensé que podían servirme igual. Y no me equivoqué, pues Uri apareció con ramas pulidas. No sé qué las pule en el monte, pero que sepáis que los de interior también podemos encontrar cosas chulas en nuestra tierra.

Os muestro primero algunas fotos encontradas en Pinterest y que me han servido de inspiración y luego ya os mostraré qué es lo que he logrado hacer yo.

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 (El último me tiene el corazón robado, algún día me lanzaré a hacer uno igual para otro rincón de la casa)

Y ahora os enseño lo que hice yo, que no tiene mucho secreto, la verdad. Vamos paso a paso, por decir algo, porque es tan sencillo que no necesitaría explicación.

1) Escoger los papeles con los que hacer los barquitos, los míos son gruesos. Al principio creí que no iba a poder manipularlos bien para hacer los barcos, pero no tuve ningún problema.

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2) Hacer tantos barcos como uno quiera. Como mi nivel de papiroflexia es más bien bajo, busqué un tutorial en la red. En mi caso hice ocho barquitos, pero eso va a gusto del consumidor.

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3) Pasar hilo blanco (también puede ser hilo de pesca u otro material) por el barquito. Como no sabía cómo hacerlo, inventé. Pasé una aguja de abajo a arriba del barco y luego pegué con cinta adhesiva el hilo en el hueco que queda. Seguramente hay mil maneras de hacerlo, a mí me fue bien así  y no se ve el truco.

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4) Atar los barquitos a las ramas.

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5) ¡Voilà!

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No sé a vosotros, pero a mí me encanta el resultado. Una manualidad rápida y fácil de hacer y que queda súper bien en la habitación de las niñas.

¡Espero que os haya gustado!

Feliz fin de semana.

 

Cuando seas madre…

… comerás huevos. Si queréis que os diga la verdad, no conozco el origen de esta frase (ni tan solo sé si encaja muy bien con lo que voy a explicar). Lo que sí que sé, es que es cierta a más no poder, como cualquiera que empiece con ‘cuando seas madre…’ Y no es que me tengáis comiendo huevos día sí y día también, sino que me he tenido que tragar tantas cosas que he dicho antes de ser mamá, que algún día el cajón de ‘cosas que dije’ rebosará de lleno.

Sí, yo era (o más bien, soy) de esas que va por la vida diciendo ‘yo nunca haré esto’ o ‘yo nunca haré aquello’. Los que me conocéis sabéis que soy de poco filtro y muchas veces digo las cosas sin pensar (maaaal, Noemí, mal). Si a eso le sumas cierto grado de inexperiencia en el mundo de la maternidad, salen ‘perlas’ que tarde o temprano tendrás que tragarte sin masticar.

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