I love tattoos

Desde que tengo uso de razón que me chiflan los tatuajes. Quizás penséis que soy una exagerada, pero es real. Recuerdo pedir insistentemente a mis padres poder tatuarme, año sí y año también. Rondaría el año 2000 cuando convencí a mi madre para que me acompañase a un estudio de tattoos para hacerme uno. No sé por qué motivo accedió, supongo que por pesada, porque en mi casa siempre ha imperado aquello de ‘cuando tengas 18 hablaremos sobre ello’. La cuestión es que de allí no salí ni con un triste calcomanía , ilusa de mí. Ahora doy gracias, no gracias a secas no, millones de gracias a mis padres por no bajar del burro ante una adolescente pesada, a día de hoy llevaría escrito el nombre de mi primer noviete en la espalda, qué horror.

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