Ser madre y vivir en una noria

Hola? Hay alguien ahí? Espero que alguien quede por estos lares después de más de tres meses sin actualizar. Por un momento hasta he creído que había dejado de tener un blog, pero chicas, la vida no me da para más. Además, reconozco que quiero hacer cambios en el blog, reorganizar cositas y cambiarle un poco la cara, y con la excusa de reemprender mi aventura cuando eso esté hecho, ni escribo ni nada… Fatal, lo sé. Pero nadie dijo que esto fuese fácil.

Bueno, total, a lo que iba. Vengo a reflexionar un rato. Hace días que leo por todos sitios debates sobre conciliación, sobre el mercado laboral de las madres, sobre educación con apego, sobre Montessori, sobre los deberes… Vídeos de niños que reclaman a sus madres, otros que las adoran en público, pero que en definitiva lo que piden todos es tiempo con ellas. Es tanta la información que nos llega sobre la maternidad y sobre la educación que una ya no sabe si lo está haciendo bien o no. Ah! Y luego no olvidemos que acabamos de pasar el 8 de marzo, día en el que estuve cabreada todo el día refunfuñando que ‘esto es una mierda’ y que ‘nos han timado’.

Os pongo en situación. Soy de las, por lo que veo, pocas mujeres que puede compaginar bastante bien su vida laboral y maternal (lo de personal lo dejamos para cuando las niñas sean un poco más grandes). Trabajo asalariada cinco horas diarias, lo que me permite estar con mis hijas toda la tarde. Recogerlas en el cole, llevarlas al parque, jugar con ellas, merendar juntas, bañarlas, disfrutar de ellas, vaya. De lo bueno y de lo malo. No olvidemos las pataletas de B a pie de calle, las caídas constantes de la Chica, los ‘ahora lo tenía yo’, los celos, etc. Pero en general, puedo decir que estoy contenta con poder vivir bastante sus días.

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Vuelta al trabajo, tal y como lo siento.

Sí, ya llegado el día. Ya estamos a 22 de octubre y probablemente cuando leáis este post yo ya estaré sentada en mi mesa de trabajo, esa que dejé limpia y pelada hace cosa de unos seis meses. Ahora mismo estoy un poco nerviosa, no os lo voy a negar, pero tengo tantas ganas, que sé que voy a entrar por la puerta de mi faena con una sonrisa en la cara.

Lo que os voy a contar ahora está más que repetido. Somos muchas las mujeres que necesitamos abandonar el papel de madre por unas horas, y a mí empieza a hacerme falta. Han sido unos meses geniales. El verano ha sido largo y duro, os lo contaba aquí, pero visto con un poco de perspectiva, nos lo hemos pasado bien. Pero yo no estoy hecha para vivir las 24 horas del día pegada a mis hijas. Hace semanas que he empezado a retomar mi vida de Noemí, y no de ‘mamá de’. Intenté incorporarme a las reuniones semanales con mis socios al mes de nacer la pequeña. Al principio ella se venía conmigo, pero en seguida opté por dejarla con los abuelos, así mis reuniones eran más productivas y mi cabeza descansaba un poco de hacer de mami. Estos meses he retomado mis ratos para hacer manualidades, deporte e incluso para tomarme un café sin niñas, pero ha llegado el momento en que necesito hacer algo más, necesito volver al trabajo.

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Foto vía Unsplash

Establecer una rutina con sus horas y sus prisas más allá de llegar a tiempo a hacer el café con mis amigas cada mañana, aunque las eche de menos. Preparar cada noche el día siguiente, la ropita de las niñas, la comida, y no ir sobre la marcha como en los últimos seis meses. Necesito llegar a casa, y cuando me pregunten ‘cómo ha ido?’, poder responder algo más que ‘bien, he ido a tomar café, la niña ha cagado una vez y no ha llorado’. Quiero hablar con mis compañeras de trabajo, de trabajo. Quiero llegar a casa a mediodía y comerme a las niñas a besos, como si hiciese años que no las veo, quiero tener la necesidad de saber de ellas durante mi jornada laboral.

El otro día leía una entrevista que le hicieron a Mónica Cruz en la que afirmaba que no se había separado de su bebé en los 17 meses que tiene. Decía que no sentía esa necesidad, y lo respeto. Respeto a la infinidad de mujeres que quieren aprovechar los primeros años de vida de sus churumbeles para estar las 24 horas del día con ellos. En mi entorno hay chicas que así lo han decidido y yo les digo, chapeau. Al fin y al cabo cada una tiene que actuar como su corazón diga, y su vida le permita. Pero yo no, y por eso no soy ni mejor ni peor madre. Ni me tengo que esconder de decir ‘necesito volver al trabajo’, al igual que ellas no deberían avergonzarse por tomar la decisión que han tomado. Cada una es libre y cada família un mundo.

Y por mi bien, y de rebote, el de los míos, yo sí necesito tener mi vida de ‘no madre’. Y eso no quita que hoy llame cuarentamil veces a la buenaabuela que se queda con la pequeña para ver si se ha tomado bien el bibi, si ha llorado o si ha dormido mucho rato. Per necesito tener mi espacio, así como necesito ratos con o sin mi pareja o ratos con o sin mis amigas.

Con mi primamiga siempre tenemos la coña de que ella es una buenamadre y yo soy una malamadre, porque las dos tenemos una manera muy distinta de ver la maternidad y la vida en general. Y ella, mi madre y mis amigas me cuelgan esa etiqueta mientras se ríen, pero en el fondo entienden todo lo que digo, o si más no, lo respetan. Y eso deberíamos hacer todas, porque todas somos las mejores madres que podemos ser, aunque una lleve galletas al parque y la otra las gorree every day. Y por qué os cuento esto último? Pues porque ella también vuelve al trabajo esta semana, y yo le quiero mandar muchos ánimos, que sé que los va a necesitar aunque el sábado por la noche nos metamos la juerga ‘madre’ sin hijas para celebrar que somos mujeres y personas ante todo.

Y vosotras? Qué opción tomáis y cómo habéis vivido la vuelta a la ‘normalidad’?