Imitando, que es gerundio

Siempre se ha dicho que los niños hacen lo que ven, y hoy vengo a divagar sobre ello. B, a sus dos años y medio, es como una mujercita o incluso como una vieja. Los que la conocéis, sabéis que es una esponja parlanchina y en ocasiones es una miniyo. Se tira el día haciendo lo que ve en las niñas mayores, en nosotros o en la calle. A menudo hace gracia…

Mantiene conversaciones telefónicas utilizando expresiones mías, como ‘fatal, fatal’ y se despide con un ‘ciao’. Llama a ‘nadie’ y pide 3 menús. No os vayáis a creer que en casa comemos de menú cada día, B solo imita a su profesora cuando llama a la empresa de cátering para encargar los menús del comedor escolar. Se pone una goma en la boca y se intenta hacer un moño como el de mami. Nunca lo logra, pero lo intenta, la pobre. Coge su móvil y le hace fotos a sus muñecos bajo las órdenes de ‘no te muevas’ o ‘espera que te hago otra’. No sé a quién verá hacer eso… Se sube la camiseta y quiere darle el pecho a su hermana. Y así, todo el día. La verdad es que te mueres de risa, pero el otro día hubo una cosa que me hizo pensar.

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Estilo marinero

Los que me conocéis sabéis que no soy una persona de playa, ni de mar. O sí, pero lo justo para pasar unos días en verano en la costa y poca cosa más. La arena me molesta bastante, me agobian las multitudes que se concentran en la orilla y el mar me da entre miedo y me pone mala. La última vez que me subí a un barquito me mareé tanto que tuve que estar toda la tarde en tierra firme reponiendo fuerzas. Pero lo que sí me gusta, y mucho, es la Costa Brava y sus pueblitos. Calella de Palafrugell, Begur o Cadaqués me tienen el corazón robado y sueño con tener algún día una casita allí y poder pasear las noches de verano.

Y pensando en ello, es cuando me viene a la mente la típica estampa familiar con un look marinero. Ropa azul marino y blanca, menorquinas para todos y estrellas de mar y caracolas repicando en la puerta de entrada de una casa. Todo muy de pueblo pesquero y muy idílico, vaya.

¿Y todo esto a qué viene? Pues el otro día el padrino de la hermana pequeña y los abuelos les regalaron unos conjuntos de algodón la mar de bonitos t cómodos de la marca Batela, comprados en una tiendita preciosa de Calella, y a mí no me faltó tiempo para querer ir a pasar allí las vacaciones y buscar looks para la ocasión.

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Nuestra arma secreta: los abuelos

Hoy vengo con un post homenaje escrito basándome en la más estricta realidad. Hay mucha gente que me pregunta cómo me organizo con las dos niñas. Sí, es la típica pregunta que todo el mundo hace, no sé muy bien si para escuchar un ‘fatal’ o para saber realmente mi manera de llevarlo todo más o menos bien. Bueno, sea cual sea el motivo, mi respuesta siempre es la misma: ‘muy bien, pero porque tengo mucha ayuda’. Y es verdad. Nuestras hijas tienen la suerte de contar con cuatro buenosabuelos, dos avis y dos iaies, que nos cuidan, nos miman y nos ayudan a organizar nuestras vidas.

No sé si vosotros en vuestra infancia habéis contado con la presencia de vuestros abuelos en vuestras vidas. O si contáis con la ayuda de padres y madres que hacen de abuelos de vuestros hijos. Si la respuesta es que sí, sabéis el valor que tiene todo lo que os voy a contar.

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Dichoso summer time…

Llevo poco más de una semana de mamá primaveral y la verdad es que me encanta. Empieza a hacer bueno, podemos estar muchas horas en la calle (ay, lo que me gusta a mí la calle) y el calor aún no aprieta en exceso, así que estamos regaladas. Pero hay una cosa que no me gusta nada, y es que en menos de dos telediarios tenemos aquí el verano, y con él, la playa y la piscina. La otra vez, llegué a junio bastante recuperada del embarazo/parto, pero esta vez no me va a dar tiempo, os lo digo desde ya.

Podéis pensar que no es para tanto, pero sí, sí es. Cuando vives en el interior, tienes tiempo, y te gusta, te tiras el verano en la piscina. En mi pueblo es el lugar de socialización de todo el mundo, de junio a septiembre. Los fines de semana, si puedes, te escapas a la playa, pero por lo general piscineas cada día un poquito. Por eso entenderéis que a una servidora le preocupe llegar en condiciones a la fecha de apertura de la temporada de piscina. Y bueno, más que llegar en condiciones, que ya sé que no va a ser, lo que me preocupa es encontrar un biquini que disimule que acabo de parir, y os aseguro que no es fácil.

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Estrenando nueva vida

Hemos estado unos días fuera de combate, pero solo ha sido por un buen motivo: ¡la hermana pequeña ya está aquí! Con una puntualidad británica, la baby de la familia llegó el martes 27, justo el día que cumplía 40 semanas de embarazo (para qué adelantarse con lo que mola llegar ‘en punto’?). Fue todo muy bien, y tanto la niña como yo estamos estupendas. Bueno, en mi caso léase estupenda a no parecer un trapo, no vayamos a pedir mucho más por ahora.

Dejadme ponerme un poco ñoña ahora, pero hay cosas que habían quedado guardadas en mis sentidos y que ahora han vuelto a mi vida, con más calma. Porque con la peque, aunque parezca imposible, me lo estoy tomando todo con mucha calma, sin prisa (todo ello gracias a esa cierta experiencia que ya tengo, al buenpadre, a los buenosabuelos/tíos y sobre todo, gracias a B, que lo está poniendo fácil).

He ganado muchos minutos mirando unos ojos que casi no ven, pero que sienten. He llorado viendo a B fascinada ante su hermana pequeña. He vuelto a abrazar a un recién nacido y me ha encantado como me encantó la primera vez. He podido bañar a la hermana mayor y jugar con ella como hacía días que no podía. He dormido con À encima y se nos ha caído la baba a las dos. Me he reído cuando B le cuenta cosas a la peque, y se queja porque ésta no le contesta. Y he podido comprobar que es automático, el amor se multiplica ipso facto.

Y así voy a dejar que sigan mis días, haciendo lo que realmente me apetece, que es disfrutar de mis dos niñas. Con calma, saboreando cada instante e intentando no perderme detalle de esta nueva aventura. No creáis que voy a abandonar mi vida 2.0, eso en mí es imposible, pero la llevaré al ritmo que mi nueva vida me permita. Seguro que historias no me van a faltar, así que espero poder compartirlas con todos vosotros.

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 Nos encantan las mañanas de remoloneo en la cama.

¡Un besito fuerte!