Imitando, que es gerundio

Siempre se ha dicho que los niños hacen lo que ven, y hoy vengo a divagar sobre ello. B, a sus dos años y medio, es como una mujercita o incluso como una vieja. Los que la conocéis, sabéis que es una esponja parlanchina y en ocasiones es una miniyo. Se tira el día haciendo lo que ve en las niñas mayores, en nosotros o en la calle. A menudo hace gracia…

Mantiene conversaciones telefónicas utilizando expresiones mías, como ‘fatal, fatal’ y se despide con un ‘ciao’. Llama a ‘nadie’ y pide 3 menús. No os vayáis a creer que en casa comemos de menú cada día, B solo imita a su profesora cuando llama a la empresa de cátering para encargar los menús del comedor escolar. Se pone una goma en la boca y se intenta hacer un moño como el de mami. Nunca lo logra, pero lo intenta, la pobre. Coge su móvil y le hace fotos a sus muñecos bajo las órdenes de ‘no te muevas’ o ‘espera que te hago otra’. No sé a quién verá hacer eso… Se sube la camiseta y quiere darle el pecho a su hermana. Y así, todo el día. La verdad es que te mueres de risa, pero el otro día hubo una cosa que me hizo pensar.

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La Early Rider de B

Hay un momento en la vida de cualquier niño en el que quiere una bicicleta. A nuestra hija ese momento le llegó antes de Navidad. Bueno, de hecho no sé si le llegó o fuimos nosotros quienes le incitamos a ello. La cuestión es que para Reyes el regalo estrella de la niña fue una bici. Así pues, nos tocó buscar ‘la bici’, o más bien le tocó al padre, que fue el encargado de encontrarla.

Teníamos claro que tenía que ser una bici de madera, solo nos faltaba encontrar la mejor. Vimos unas cuantas, empezando por las de Decathlon o Imaginarium, pero no había ninguna que nos convenciera (léase, le convenciera), hasta que dimos con la Early Rider Classic. La estética chopper fue la que encandiló a Uri, aunque luego la madera, el cuero del asiento y las ruedas neumáticas y llantas de aluminio hicieron el resto.

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De bebé a niña

Cuando al nacer B la gente me decía eso de ‘aprovéchate que crecen muy rápido’ no me lo creía. Las primeras semanas de vida de cualquier bebé te pasan a la velocidad de la luz, pero la lactancia, las noches sin dormir, las 24 horas del día a su lado y todo lo que son los primeros meses, hace que veas muy lejos el día que ese bebito se despegue un poco de ti. Esta vez, las voces experimentadas en la materia tenían razón: los días pasan que ni te enteras (a no ser que estés embarazada jajaja) pero en lo que a crecimiento de los niños se refiere, va todo muy rápido.

No sé si es el inminente nacimiento de la hermana pequeña o qué, pero hace días que cuando miro a B ya no veo un bebé, veo a una niña (o a una mini mujer en ocasiones). Tengo la suerte de poder pasar todas las tardes con ella, y me fascina, y cada día descubro cosas nuevas. Sí, mi hija me tiene flipada (como a todas las madres sus hijos, claro) en muchos sentidos. A sus dos años y tres meses, tiene un carácter que no le cabe en el cuerpo y eso tiene su parte positiva y su parte negativa. Creo que estamos frente a lo que llaman ‘los terribles dos’ y B viene dispuesta a hacernos saber que ella es muy larga… (y yo a fardar un poco de niña, que aunque en ocasiones pierda los nervios, me la como entera).

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El mundo de los portabebés

Una de las cosas que toda mamá primeriza quiere para su hijo es un portabebés. De portabebés hay de muchos tipos y no seré yo quien os haga una clase magistral de todos los modelos. El porteo es una ‘ciencia’ que tiene mucha tela y como yo no he estudiado para ello, os voy a hablar, como siempre, desde mi experiencia, que ya os adelanto que es más bien poca.

Antes de nacer B hicimos lista de nacimiento. En vuestros pueblos no sé si se lleva, pero aquí se estila mucho. Los futuros padres dicen lo que quieren, escogen modelo y color, y tú vas a la tienda, compras en función de tu presupuesto y tienes el tiro asegurado. Puro placer. Pero bueno, de la lista también os hablaré otro día.

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La canastilla

Con la racha que llevamos de embarazos a nuestro alrededor, se me ha ocurrido colgaros la lista de cosas que tenéis que llevar al hospital para el nacimiento de vuestro bebito o bebita. Si no estáis esperando un hijo/a pero esperáis tenerlo tarde o temprano, no os vayáis. Algún día necesitaréis esta lista.

Cuando eres madre primeriza, seguramente quieras tener la canastilla preparada a los siete meses de embarazo, por si las moscas. La pasearás de casa al coche y del coche a casa, no se diera el caso que te pongas de parto y se quede el niño sin pijama. Sacarás las cosas de la bolsa y las mirarás infinidad de veces, o eso es lo que hice yo en mi primer embarazo. Ahora estoy de 37 semanas y aún tengo la canastilla por hacer. No os vayáis a creer que no tengo nada, al contrario, lo tengo todo, pero no colocado para salir corriendo. Prometo hacerlo esta semana.

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Operación pañal

En Semana Santa, así como en verano, es típico que los padres nos aventuremos a quitar el pañal a nuestros peques. Nosotros hemos decidido hacerlo ahora, antes del nacimiento de la hermana pequeña. La verdad es que a mí, personalmente, me da un poco de pena porque en poco tiempo B ha pasado de ser una bebita a ser una niña. Le hemos quitado el chupete, le hemos pasado de cuna a cama y ahora ésto, pero ella ha respondido a todo como una campeona, todo hay que decirlo.

Empezamos el sábado y creo que de momento vamos bastante bien, porque solo se hizo sus necesidades encima el primer día. A partir del domingo y hasta hoy lo ha pedido siempre.

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Cosas de niñas: la cantidad de ropa

Ayer, en un episodio más de preparar el nido (que en un segundo hijo debería llamarse rehacer el nido) para el nacimiento de À, me lié la manta a la cabeza y me dediqué a poner orden a la ropa de las niñas.

Cuando tienes a tu primera hija, toda ropa te parece poca para ella. Vas a Zara y te dejas un dineral en comprar todas las camisetas de la sección de baby, que luego acompañarás con toda la colección de jeans y chaquetitas. Todo para que tu hija vaya a la última y sea la más guapa del pueblo. Eso el primer año. Luego, en nuestro caso, la niña empieza a ir a la guardería y pasas a comparle chándals (monérrimos, eso sí) para llevar entre semana, que al colegio se va cómoda. Bien, la niña va creciendo y tú tienes que jugar al tetris en su armario hasta que decides hacer limpieza de sus conjuntos. La cosa no está nada complicada cuando tienes una primamiga con otra niña un poco más pequeña. Le pasas a ella la ropa más nuevecita, te quedas los cuatro conjuntos que te hacen más gracia y el resto (siempre que esté en buen estado) lo llevas al contenedor naranja para que alguien lo pueda aprovechar. Leído así, parece fácil.

El ‘problema’ está cuando tu primamiga se presenta un día en tu casa con cuatro bolsas enormes con toda la ropa que tú un día le diste y que ella casi no ha usado para la suya porque no hay días en el año para ponerle su ropa más la que heredó de B. Es entonces cuando (quieres matarla) decides guardar las bolsas ‘por si’ algún día vuelves a ser mamá de una niña. Y ese día llega, te quedas embarazada y con los meses te confirman que llevas a otra bebita. Sonríes por muchos motivos pero uno de ellos es ese… ‘cuánto me voy a ahorrar en ropa’.

Hasta que llega el día de ayer, te plantas delante del armario de B, de las cuatro bolsas que tienes encima de él y empiezas a escoger, con ilusión, qué podrá aprovechar la pobre À. Y te percatas, con cierta pena, que no puedes aprovechar casi nada porque una nació en invierno y la otra lo hará en primavera. Así que te ves, de nuevo, comprando toda la planta baja de la tienda para la hermana pequeña y te recuerdas que no es necesario tal volumen de ropa para que sobreviva. No, no lo es. Prometo no volver a caer en la trampa. Palabra.